Los jóvenes construyen el territorio. Algunas experiencias sobre las señalizaciones y marcas territoriales en la provincia de Buenos Aire



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Los jóvenes construyen el territorio. Algunas experiencias sobre las señalizaciones y marcas territoriales en la provincia de Buenos Aires.1
Este trabajo se propone analizar cómo los jóvenes de la provincia de Buenos Aires han actuado, en tanto emprendedores, en el territorio de la memoria a través de la elaboración de marcas o señalización de sitios que hacen referencia al terrorismo de estado. Un proceso que intenta develar los silencios, las disputas sobre las lecturas del pasado y construir otro paisaje –en las escuelas, en los barrios- que se enlaza la participación política de los jóvenes en el presente.

A lo largo de 30 años de democracia la sociedad argentina creó espacios comunes de recordación y repudio al terrorismo de estado. Las plazas, las paredes, las entidades públicas, las calles, los pasillos de las universidades, se colmaron de nombres de desaparecidos. Algunos de los lugares en donde durante la dictadura reinó el horror se transformaron en sitios para la construcción y transmisión de la memoria. La ausencia de los desaparecidos se emplazó en diferentes rincones de la ciudad; apenas un nombre, la referencia a “los compañeros”, “a ellos que lucharon”, a la directora de una escuela se hizo presente a partir de diferentes soportes que resultaron ser vehículos2 para el recuerdo y conmemoración.

La construcción de la memoria y su señalización en la ciudad o en los pueblos, nos advierten acerca de las transformaciones que se dan en forma constante. Las señalizaciones, monumentos, esculturas, sitios, son una forma de decir, de enunciar de diferentes maneras que alguien no está, a alguien se lo llevaron, o que en ese edificio o casa primó la militancia, un proyecto político y social, o que en ese lugar existió el horror, la tortura y la muerte.

Partimos de la idea de que si hay algo que se recuerda también hay algo que se olvida, o que en todo caso no se nombra. Y es la propia definición de memoria que supone un espacio de lucha política, y son esos conflictos que componen parte del presente los que dan forma a la lectura que hacemos del pasado. La memoria o mejor dicho las memorias no se encuentran ancladas en el mundo pretérito sino que permanecen activas, y en sintonía con ese presente donde se sostienen tensiones y disputas sobre el por qué nombrar, qué recordar y qué sucesos del pasado tienen relación con el presente. Las disputas de hoy sostienen las memorias del ayer.

Aquí nos aferramos a la noción de territorio que permite dar cuenta de estos procesos, asociar consideraciones físicas –espaciales, arquitectónicas y estéticas- a otras simbólicas, políticas (Fleury, Walter, 2011). Considerar esta conceptualización analítica implica asociarla al proceso de “calificación” de los lugares, según Béatrice Fleury y Jacques Walter que proponen esta perspectiva, en el acto de calificar operan tres dimensiones o acciones –que no implican un orden ni resultan excluyentes-; calificación, descalificación y recalificación. Pueden incluso ser simultáneas: la que intenta instalar una marca en el lugar (calificar), la que propone borrar, desactivar o dejar sin sentido (descalificar), y la que retoma la marcación pero con distintos sentidos y objetivos (recalificar) (Feld, 2011). El enfoque en términos de territorio consiste justamente en indagar en los movimientos culturales, patrimoniales, identitaria que operan allí. (Fleury, Walter, 2011).

Y es el territorio que hace referencia a las relaciones o al proceso de articulación entre los diferentes espacios, se destacan los vínculos, la jerarquía y la reproducción de un tejido de lugares (Da Silva Catela, 2009).

Aquí proponemos analizar cómo los jóvenes3 se insertan en las disputas, en las señalizaciones, en las marcas y en los recuerdos, o cómo constituyen ese territorio, por sobre los relatos heredados, plasmado de nuevas miradas y significados. Y ahí, en la rememoración del pasado, construyen su identidad: las memorias de su barrio, los desaparecidos de su escuela, los vecinos su pueblo.

En este trabajo analizamos los siguientes proyectos: Los vecinos del pozo de Banfield realizado por los alumnos del Instituto Técnico Dr. Emilio Lamarca de Lomas de Zamora en el año 2005, Pedro Pablo Turner: desmemoria obligada de Lomas de Zamora (2011) de la EES n° 365 Villa Lamadrid de Lomas de Zamora; Timote, una página en la historia, del año 2007 de la Escuela Normal Superior 25 de mayo de Carlos Tejedor, y las producciones de la Escuela Media n° 20, Estados Unidos de localidad de San Martín Norma Arrostito, la innombrable, de 2010, y Norma Arrostito, la innombrable vuelve a la escuela, de 2011.


Los vecinos del Pozo de Banfield

La última dictadura militar en Argentina organizó la sociedad a través de un disciplinamiento y reordenamiento de los actores sociales y políticos del país valiéndose, entre otras medidas, de cambios y transformaciones en las prácticas urbanas y espaciales para la implementación del terror, prohibiendo las reuniones en espacios públicos y cercenando su apropiación. La represión y el miedo vaciaron las calles de acción colectiva y las prácticas se volvieron cada vez más individuales y circunscritas a lugares privados (aunque los mismos también fueron irrumpidos y violados por las fuerzas de seguridad). Estos mecanismos transformaron las prácticas urbanas y el uso del espacio público, y en esta nueva disposición los Centros Clandestinos de Detención (CCD) pudieron operar “insertos en la trama urbana y en la cotidianeidad barrial” (Schindel 2011:1). Pilar Calveiro (Calveiro, 1998) refiriéndose a la proximidad entre los CCD y la sociedad civil, plantea a los CCD enlazados en una red que los mantenía inseparables del resto de la sociedad; “el “afuera” actuara como caja de resonancia del terror que debía expandirse como amenaza desde el centro clandestino de detención”4

¿Cuál es la memoria de los vecinos de los barrios donde funcionaron los CCD? ¿Cómo era la vida cotidiana que rodeaba al horror? A partir de esta pregunta los alumnos del Instituto Técnico Dr. Emilio Lamarca de Lomas de Zamora inician su investigación que culminó, después de un año de trabajo, con una producción audiovisual que llamaron Los vecinos del Pozo de Banfield, del año 2005. Los jóvenes rescatan las memorias de los vecinos donde se encuentra el ex CCD; cuentan las vivencias de las personas “comunes” que transitaban todos los días por la zona, las pequeñas historias muchas veces acalladas, los recuerdos de hombres y mujeres que vivieron allí y que hoy siguen recorriendo las mismas calles y esquinas, los rincones del barrio que seguramente cambiaron su fisonomía pero que perduran en las sensaciones evocadas de aquella época. A través de sus propios interrogantes, los jóvenes transforman las experiencias y vivencias de los vecinos en testimonios y reconstruyen así la memoria barrial de uno de los CCD más inscripto en las memorias de la dictadura.

Dicha investigación se realizó en el año 2005, momento en que se llevaron adelante marchas y escarches al ex CCD, y los jóvenes con su trabajo quisieron ser parte de la movilización que solicitó señalar el lugar para no olvidar, para reparar a las víctimas y transformarse en un sitio de memoria.5 Un proceso de calificación en el cual se unieron varios sectores (docentes, estudiantes, vecinos organizaciones de DDHH y sindicales) y se hizo clara referencia a quienes fueron víctimas del horror; el 16 de septiembre de ese año estudiantes y distintas organizaciones marcharon y escracharon el Pozo de Banfield, en el accionar se decía “hace 29 años secuestraron y asesinaron a los compañeros de La Noche de Los Lápices”6. El relato de la dictadura se erigió a partir de la memoria de las víctimas, los vecinos reclamaron bajo la consigna “chau pozo” aunque poco circuló de cómo actuó la represión en la vida cotidiana del barrio. Y los jóvenes del Instituto Lamarca decidieron indagar allí donde no existía un relato.

La producción audiovisual comienza con la pregunta sobre cómo fue el cambio en las vidas de los vecinos del barrio a partir de la construcción de lo que se denominó posteriormente el Pozo de Banfield y el avasallamiento7 que sufrieron con la existencia del mismo. El trabajo se basa en tres preguntas que ordenan el relato: qué veían, qué escuchaban y qué sentían los vecinos, y con ellas revelan las memorias de la localidad, dando cuenta de dimensiones del pasado que cabían en el olvido.

Los chicos sostienen que el barrio fue avasallado a partir de la creación del CCD. El primer atropello fue la propia construcción del edificio. Los jóvenes cuentan, a través de los testimonios, que el terreno donde se encuentra ubicado lo que fue la Brigada de Investigaciones de Delitos contra la Propiedad y Seguridad Personal, iba a ser destinado a la construcción de un campo deportivo para el Barrio Luz y Fuerza. Pero el mismo nunca se realizó.

Un vecino dice:

“Ese lugar, donde esta esa cárcel, el pozo de Banfield, iba a ser un campo deportivo para el barrio Luz y Fuerza. Esa empresa donaba toda esa cuadra, que había ahí un terreno, viste lo que era, para que el barrio Luz y Fuerza tuviera su campo deportivo, cancha de futbol todas esas cosas… Y qué paso? De la noche a la mañana nos encontramos que empezaron a traer máquinas y empezaron a sacar tierra y tierra y tierra y ahí empezamos a ver que estaban construyendo una cárcel decía la gente (…) Por eso, es que se hizo bien pensado todo eso. Empezamos a ver de que todo esto no era una cárcel cualquiera, era otra cosa más importante que una cárcel. Y bueno ya estaría pensado que los tipos los iban a emplear para… matar a la gente y… llevarla y tenerla ahí… eso era…”8

El avasallamiento del que hablan los jóvenes hace referencia a la pérdida: el campo deportivo para el barrio. Ese espacio anhelado, como relatan los vecinos, de la noche a la mañana9 se transformó en una dependencia policial primero y luego en un CCD, negando, de esta manera, las posibilidades de encuentro y recreación, imponiendo el horror en la zona. Y no sólo existió la obstrucción en el uso del espacio sino también se transformó en un lugar prohibido, al que no tenían acceso.

Los jóvenes eligen esas voces como herramientas de su narración, y allí ponen en tensión el desconocimiento o las dudas que manifiestan los vecinos de la existencia del CCD con sus posteriores datos que permiten pensar “que algo estaba pasando”.

Vecina 1: Nosotros no teníamos una relación, porque eso era prohibido. Si querías entrar… (…) porque si era de la policía se suponía que podíamos ir a pedir ayuda, hacer este… alguna denuncia… no. Eso no.

Alumno: y… cómo era la rutina ahí en ese lugar?

Vecino 2: y era… un movimiento continuo de gente. Que venía esto, venía lo otro…

V2: conocemos por todo lo que se publicó, por las películas y todo lo que ocurrió. Viste? Pero nosotros, viviendo acá, no sabíamos lo que pasaba ahí realmente.

V1: Entraban por una calle el camión del ejército y lo sacaban por otro lado. Tal es así que hasta tiros había… hasta las ventanas del edificio hubo tiros pegaron desde adentro al barrio… (…) se decía Pozo de Banfield, se empezó a escuchar cada vez más, Pozo de Banfield y bueno después la gente empezó a abrir los ojos y empezó a darse cuenta ahí donde traían a todos a los que querían matar ellos y hacer desaparecer. Y era este el famoso pozo de Banfield… después la gente se avivó de todo lo que pasaba.”10

Se destaca la militarización que sufrió el barrio, el miedo que esto infundía, el movimiento constante que percibían dentro de y fuera del edificio, y los intercambios con el personal de las fuerzas de seguridad que la proximidad al CCD forzaba, mediadas por el silencio y el miedo.

V1: un movimiento continuo de gente.

V2: había un movimiento que no se sabía realmente qué era

V1: día y noche era…

V2: tenía un kiosco no? Tenía cositas de perfumería, vendía cigarrillos… y algunas chucherías y mercería tiendita, viste una cosa chiquita… y venían a comprar, este me compraban cepillos de diente, pasta, jabón, no? Y por ahí, de pronto me pedían pañales y yo decía para qué querían pañales? Viste pero me llamaba la atención, para qué quieren pañales, este… y no se podía preguntar nada.

V1: todo el día. Y de noche mucho más. Pero de día también se veía, imaginate lo que hacían…

V2: porque en un momento, creía que los grupos de ahí adentro con grupos de a fuera se iban a enfrentar. Porque venían comandos distintos, y en un momento dijimos bueno, acá se arma una… estaban todos los armados que venían a rodear las manzanas y los que venían de allá con las metralletas… y vos no sabías lo que podía pasar. Después se hablaban entre ellos, se ve que no estaba coordinada la cosa, se hablaban entre ellos y cada uno hacía lo suyo. Y vos veías eso que te daba pavura, pavura todo ese armamento en la calle… terrible. Metralletas, trajeron una oruga para detener una persona con un tanque.”11

Si bien los vecinos del barrio, cuando los chicos preguntan cómo era la relación con el Pozo de Banfield o con la fuerzas, en una primera instancia plantean que no tenían relación con ese lugar, a lo largo de su trabajo, los alumnos rescatan en los testimonios historias que dan cuenta de intercambios, donde siempre mediaba el miedo.

V3: “Y el modo de tratarnos. Tener la policía adentro del palier a las 6 de la mañana, patearme las macetas y espiar a ver quién era… vi que era policía y abrir la puerta. Eso me paso a mí. Cuando abrí la puerta digo que hace… dice: tráigame una tasa de matecocido, te lo juro por mi esposo! Temblé. Me dio miedo. Y bueno, cerré la puerta le llevo el matecocido. Dice esto no va a hacer la primera, va a ver la segunda. (…) lo juro, eran fatales. Los primeros eran fatales, los demás no”

V5: (…) hubo un corte importante de luz… y… venía yo de la casa de mi hermano y bueno y bajamos en la puerta de mi casa y bueno… uno vivía tan ajeno a lo que sucedía que bajamos y vino la policía apuntándonos a mi marido, a mis hijas y a mí. Quiénes éramos, dónde vivíamos, qué estábamos haciendo ahí. Como el corte de luz era importante ni siquiera nos ubicaban y yo… enojadísima, pero caramba, si yo vivo acá! Pero ajena totalmente que nos podía haber pasado algo muy delicado sinceramente… y bueno, nos ubicaron, nos reconocieron, sabían que vivíamos en los departamentos donde habíamos estacionado el coche… y bueno paso… pero después con los años nos dimos cuenta el riesgo que corrimos… vivimos tan cerca… veíamos gente que iba a visitar a los presos, pasaban continuamente, realmente nos dimos cuenta muchos años después, tomamos conciencia muchos años después. En ese momento no. Sinceramente.”12

El video da cuenta de la complejidad en construcción de la memoria en el barrio donde estaba el llamado Pozo de Banfield, ya que no sólo los chicos destacan el silencio, los miedos y el aparente desconocimiento expresado en los testimonios, sino que también dan cuenta de la negación se ciertos vecinos en dar la palabra. Dejan en claro que en Lomas de Zamora no hay una sola memoria, sino también existe un relato sobre la dictadura que con su ausencia se hace presente. En Lomas hay otros vecinos, que no son los que reclaman por el sitio, que no son los que fueron testigos –involuntarios- del horror, que no son quienes añoran esa canchita, el campo de deportes que representaba otro proyecto de sociedad, sino son quienes no hablan y estuvieron cerca del poder militar.13

La producción audiovisual culmina con una voz en off que menciona las primeras movilizaciones, ya en democracia, que denunciaron al Pozo de Banfield como ex CCD. Las demandas de “recuperación” de ese espacio quitado. Las cuadras, cerradas y valladas al público durante tantos años, se transforman en ese momento, en un lugar de encuentro entre las víctimas, familiares y algunos vecinos, a los que se sumaron los estudiantes del Instituto Dr. Emilio Lamarca.

“Por primera vez, los vecinos pudieron ver, los rostros de aquellos a quienes oían gritar o veían trasladar. O a los de sus madres que reclamaban justicia”.14



Timote, una página en la historia

Un grupo de alumnos de la Escuela Normal Superior 25 de Mayo de Carlos Tejedor eligieron el soporte de un periódico para contar su investigación sobre la memoria de la dictadura militar en su pueblo. Timote, una página en la historia es el título de la investigación, una referencia a la inscripción de su pueblo en la historia, pero ¿qué historia se cuenta sobre Timote?

La acción principal que proponen los jóvenes se presente en un breve artículo titulado “Un nombre para cambiar”. Se refieren a la plaza que se encuentra en la localidad de Timote (partido de Carlos Tejedor), que hasta ese momento se denominaba “Pedro Eugenio Aramburu”. Cuando comienzan con la investigación sobre lo ocurrido en “La Celma” -la quinta en donde es encontrado el cuerpo del ex presidente-15 “en lo primero que pensamos fue en suprimir el nombre que llevaba la plaza de esa localidad”, afirman, y continúan: “Para lograrlo enviamos una carta al Honorable Concejo Deliberante, justificando nuestro pedido. Nuestro próximo paso será realizar un acto para imponerle a la plaza, un nuevo nombre, en homenaje a quién perdió la vida en el Crucero General Belgrano, ‘Soldado Roberto Aldo Bordoy’ ”.

Está claro cómo, a partir de la investigación y del conocimiento de los hechos, los jóvenes se plantean modificar, cambiar el rumbo de aquello que por más de 30 años había marcado la historia de un pueblo. El periódico, que se compone de veinte páginas, cuenta con crónicas, reseñas y entrevistas, que contextualizan la muerte de Aramburu, su figura, lo que significó para la historia argentina, para la militancia y la lucha armada que se desarrolló en el momento. Además, suman testimonios textuales de la época, tanto de los vecinos del pueblo de Timote, como del médico y los primeros testigos que vieron el cuerpo de Aramburu en el sótano de “La Celma”; análisis de los comunicados de Montoneros; una entrevista con una fuente reservada -compañero de aquellos años de Carlos Ramus, hijo del dueño de la quinta y uno de los principales involucrados en la muerte de Aramburu-; un artículo de opinión de la abogada Myriam Bregman, nativa de Timote y ex alumna de la Escuela Normal Superior 25 de mayo; y un balance de las encuestas que ellos mismos realizan a los habitantes del pueblo.

A través de diversas formas e instrumentos utilizados y construidos en la investigación los jóvenes componen un relato que tensiona al que durante tantos años se estableció en el pueblo. Los resultados de las encuestas que llevaron a cabo muestran lo siguiente: “Surge también un marcado repudio hacia el régimen militar que nos gobernó, a cuyos presidentes de facto, califican de dictadores y faltos de capacidad para ejercer el poder, aunque un porcentaje de consultados, estiman que actuaron bien, al frenar el avance montonero. El desempeño de Aramburu en el gobierno, sólo la mitad, escasamente, lo conoce; pero la mayoría lo identifica por la forma como murió (sic). Esto originó gran temor, intranquilidad y descreimiento. Sólo unos pocos repudiaron lo acontecido, lo cual atribuyeron a diferentes ideas políticas que condujeron a concretar la venganza de un grupo hacia otro. Un mínimo de encuestados lo relaciona con la existencia de un enfrentamiento entre sectores militares. Observase cierto rechazo hacia la muerte innecesaria y a sus ejecutores, por entender que hay que perdonar, habiendo en algunos casos, variado la apreciación que tenían en el 70, al enterarse que la historia oficial era otra, y que la democracia como forma de vida es lo mejor que nos puede pasar”.16

La decisión de los estudiantes de cambiar el nombre a la plaza tuvo el apoyo de los habitantes con 200 firmas que se materializaron en la presentación del proyecto en el Concejo Deliberante. Acto que plantea otra mirada del pasado, se distancia del relato heredado plasmado en esa placa que recuerda a Aramburu, en un espacio conmemorativo –la plaza del pueblo-. Así aquella calificación protagonizada por el gobernador militar Ibérico Saint Jean en 1980, al cumplirse 10 años de la muerte de Aramburu, y que se mantuvo en el pueblo durante años fue puesta en cuestión por los jóvenes. Esta iniciativa buscó recalificar ese lugar, y con ello desplazar a quien había sido elegido como referente para los habitantes del pueblo. Esa única plaza del pueblo, el único espacio verde hoy lleva el nombre de Roberto Aldo Bordoy.17



Norma Arrostito, la innombrable vuelve a la escuela

Aquí analizaremos el trabajo que realizaron los alumnos de la Escuela Media N° 20 de la localidad de San Martín (2010, 2011) que recuperan la historia de Norma Arrostito y a la vez impulsan que su nombre se sume a los de los estudiantes desaparecidos que figuran en la placa del colegio18, que había sido colocada en el marco del vigésimo aniversario de la dictadura cívico militar en 1996 por el Centro de Estudiantes de la época. El trabajo que hicieron los jóvenes parte de investigaciones realizadas en la escuela años anteriores en el marco del Programa Jóvenes y Memoria, en las que tienen un primer acercamiento al tema. En las éstas se ocuparon de recuperar las identidades de aquellos nombres que se encuentran en la placa, de confeccionar sus biografías, a partir de entrevistas a distintos familiares, amigos o conocidos que ayudaron a reconstruir las historias. En estos recorridos faltó la historia de Norma.

Aquí tomamos las dos últimas producciones realizadas por los alumnos de la escuela, Norma Arrostito, la innombrable, de 2010, y Norma Arrostito, la innombrable vuelve a la escuela, de 2011. La investigación del año 2010 presenta el tema en dos direcciones clave: por un lado se cuenta quién fue Norma Arrostito, se la presenta como militante y como alumna del colegio a través de la entrevista a quien fuera su compañera de banco, sumando material fotográfico y de archivo, y una pregunta –ante la negación u oclusión de muchos-: “¿Norma fue realmente alumna de nuestra escuela?”. Y, por otro lado, se cuenta acerca del proceso de confección de la placa en 1996, a través de entrevistas a ex alumnos del colegio que formaron parte de esa iniciativa.

Según narran los ex alumnos –los del centro de estudiantes de 1996-, el proceso para conseguir los nombres de quienes habían desaparecido no fue fácil, les costó acceder a los registros de la escuela, tomar contacto directo con los datos para confeccionar el listado. A tal punto que en el momento que mandan a hacer la placa, seguían apareciendo nombres y recién ahí fue que surgió el de Arrostito, a través del recuerdo de algunos ex compañeros. Las dificultades y lo trágico de una época se sumaban ahora a esta historia: desaparecido el cuerpo en el pasado, costaba que reapareciera su nombre en el presente. ¿Por qué? ¿Por qué tardaría el nombre de Arrostito en llegar a la placa? Es una pregunta que los chicos se hicieron ya en el año 2007, durante el acto que conmemoró las Bodas de Oro de los egresados de 1957, -la promoción de Norma Arrostito-, algunas alumnas egresadas de aquella época contaron: “nosotras fuimos también compañeras de Arrostito”, y otra de ellas se animó a decir: “yo creo que debería estar su nombre en la placa”.

Los jóvenes cerrarían una respuesta más tarde. Por ahora sólo tenían sospechas, algunas frases que los ex alumnos respondían para justificar la ausencia: “los años 90”, “el auge del neoliberalismo”, “el egoísmo”, “el pensar en uno mismo solamente y no el compromiso con muchas cosas”, y la mención de lo “controvertido” que era el nombre de Norma Arrostito para la época.

Esa duda, esa sospecha que había surgido años atrás, finalmente se sutura en el video Norma Arrostito, la innombrable vuelve a la escuela, realizado en 2011: “Sí, sí, sí, no se permitió que se incluyera en la placa. O iba sin el nombre de Arrostito o no iba nada. Entonces no se la dejó poner”, dice Marta Angelili, ex profesora de la escuela, en un fragmento de la entrevista, confirmando aquello que se había sospechado: la omisión de “la Gaby” no había sido sólo casual. Su militancia y su activa participación en la organización Montoneros se ocultó, se borró de la historia de la escuela, se silenció su desaparición.

Al igual que los alumnos de Carlos Tejedor, los del colegio de San Martín se preocupan por aquellas huellas que narran el pasado, y que ubican a la historia en el presente. Pero ocurre que, a diferencia de los trágicos hechos que ya no tienen vuelta atrás, la confección de una placa implica la decisión y el accionar de diversos grupos de la sociedad para dar cuenta de ese pasado. Nombrar a la “innombrable” aparece entonces como una necesidad para los chicos, como un silencio que hay que despertar, como una memoria a la cual le falta una gran parte, y es por ese motivo que deciden no sólo agregar el nombre –en una placa aún más destacada- sino también dar cuenta de dicha ausencia –intencionada- que constituyó la memoria de la escuela durante años.

En el trabajo que realizan los jóvenes en el año 2011, se profundiza acerca de la figura de Norma Arrostito a partir de la realización de diversas entrevistas. Además de volver a utilizar la charla con la que fuera su compañera de banco, colocan en escena a Pablo Llonto –periodista y abogado de la familia Arrostito-, el diputado nacional Leonardo Grosso y a Lila Pastoriza, quien recuerda haber visto a Arrostito en la ESMA mientras ella estuvo secuestrada.

Los testimonios narran a Norma no sólo como compañera de escuela y buena alumna sino como militante y “luchadora”. Las entrevistas configuran desde el principio una forma de mirar, de expresar y de recordar. Pablo Llonto no sólo la describe como “dirigente montonera, una militante montonera, era dirigente después de la conducción de montoneros, la única dirigente mujer”, sino que además aporta una parte de la historia al relato, una pieza clave en la construcción de los hechos que en su momento fueron tergiversados. Al respecto dice Llonto: “es secuestrada en diciembre del año 76. Pero en esa época yo tenía 16 años y miles de argentinos nos creíamos lo que salía en los medios. En diciembre del 76 fue anunciado en la tapa de todos los diarios, de las revistas, que Gaby Arrostito había sido matada (…) pero era mentira esa noticia. A todos nos dijeron la matamos, pero lo que habían hecho era secuestrarla. Y la secuestraron y la tuvieron desde diciembre del 76 hasta enero del 78 en la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma). (…) Al parecer, según un anónimo que mandó un suboficial de la Esma habrían sido sus restos quemados en el Campo de Deportes de la Esma y enterrados ahí”. Estos datos les permiten a los jóvenes enunciar a Norma también como víctima. ¿Qué dudas cabe que ella debe estar en la –ahora- controvertida placa?

El trabajo de la memoria que emprenden los jóvenes no se queda sólo en el repaso de la historia; contraponen discursos, analizan las distintas construcciones de los hechos, discuten, y toman una posición. Es a través de la producción que intervienen en las narraciones, ponen en crisis aquello que se cuenta, y quiebran lo narrado placa de su escuela, por una parte de la comunidad educativa.

Un primer plano sobre la foto de Norma en el aula con sus compañeras, con el guardapolvo, sonriente, brota como prueba de que Arrostito formó parte de la escuela. Y sobre la imagen se plasma el título: “Norma vuelve a la escuela…”. El enunciado en tiempo presente plantea su retorno es a partir del accionar de los jóvenes. Ahora sí, ahora es momento, ¿recién ahora? Sea como sea, ahora Norma sí vuelve a la escuela y se la puede nombrar.

“Como dice la fotografía, Norma vuelve al colegio…”, narra una voz en off hacia el final del trabajo mientras se vuelve a poner en plano la foto en la que está Norma en el banco con sus compañeras, y se presenta la invitación a participar del acto ‘en memoria de Norma Esther Arrostito, egresada del colegio en el año 1957, víctima del terrorismo de Estado’. “Sí, Norma vuelve a los recuerdos, vuelve a las anécdotas. Norma vuelve a las leyendas, Norma siempre volverá en esta placa y en las fotos que acá la perpetúan junto con sus compañeros. Nosotros somos Jóvenes y Memoria. Nosotros elegimos estar aquí…” se muestra el momento en el que se descubre la placa con su nombre y la fecha 2011. “Nosotros elegimos no olvidar. Nosotros elegimos recordar el pasado para construir el futuro”. Aquí se posicionan, en primera persona, como protagonistas de esta historia.



Pedro Pablo Turner: desmemoria obligada de Lomas de Zamora

Los jóvenes de la Escuela Secundaria N° 365 de Villa Lamadrid en Lomas de Zamora también se colocan como emprendedores de memoria (Jelin, 2001), en la investigación titulada Pedro Pablo Turner: desmemoria obligada de Lomas de Zamora. En la producción audiovisual se transmite el trabajo que llevaron adelante los alumnos: cómo hicieron la baldosa, prepararon la mezcla de material, pintaron las letras que irán pegadas, brindándole color a la historia. Una baldosa que representa todo un periodo de preguntas, una investigación para saber quién era, qué hacía, dónde vivía esa persona que, según les cuentan los entrevistados, dio su vida por “la causa peronista”.

Pedro Pablo Turner fue un militante político de la Juventud Peronista y sindicalista del sector gráfico. Entre 1973 y 1975 fue intendente de Lomas de Zamora y renuncia a su cargo tras ser perseguido por la Triple A, asume en su reemplazo Eduardo Duhalde. El 29 de mayo de 1976 fue detenido en la provincia de Chaco (donde nació) y su cuerpo supuestamente fue hallado en Avellaneda dos meses después. La familia nunca pudo ver el cuerpo.

Los jóvenes construyen con los testimonios la figura de Pedro Pablo Turner, eligen fragmentos de entrevistas, refuerzan ciertas palabras, vuelven al pasado con nuevos interrogantes. Eligen contar a Turner como padre, desde el ámbito privado de la familia – centrada en la entrevista a uno de los hijos- pero también como militante –sostenida por el testimonio de uno de sus compañeros-. Este último les cuenta en una entrevista “Me avisan, porque estábamos viviendo en Tablada y había familiares, los cuñados de Pablo vivían ahí. Más: nos dicen que lo iban a velar, que apareció muerto. Más: viene un servicio fúnebre privado, a instalar la capilla ardiente. Al cuerpo nunca lo entregaron, así fue, y tomamos esa fecha como válida, que fue el 16 de mayo de 1976. (…) Esa persona que vivía para el peronismo y para la política, ahí sí se puede decir que hubo una entrega muy alta. Nosotros decimos siempre: cuando lo mataron llegaron tarde, no es que le arrancaron la vida, hacía tiempo que él había entregado su vida a la causa peronista”19 No sólo el testimonio relata el compromiso en la militancia sino también la ausencia del cuerpo, entonces ¿dónde depositar la muerte ante la ausencia del cuerpo?

Aquí también la voz de los jóvenes emerge como protagonista. En el acto en el que los mismos alumnos colocan la baldosa, que dice “Intendente Pedro Turner. Desaparecido 1976”, se presenta una de las alumnas anunciando la acción: “Buenos días, somos alumnos de la ESB n° 365, trabajamos en el Proyecto Jóvenes y Memoria, investigamos la vida de Pablo Turner, intendente de Lomas de Zamora, por eso estamos acá, en homenaje a él y su trabajo. Aprendimos que era un luchador social que defendió sus derechos, agradecemos a todos los presentes”. No solamente participaron de la realización de la baldosa y fueron protagonistas del acto de colocación, sino también definen a Turner como “desaparecido”, encuentran un lugar donde colocar su ausencia.

Y esta definición generó oposiciones: “la baldosa no pudo ser colocada de manera definitiva porque la familia que habita hoy la casa objetó la palabra DESAPARECIDO. Fue colocada en la Plazoleta de Puente la Noria, que se encuentra a pocas cuadras del lugar donde vivió el intendente Pedro Pablo Turner”, se indica al final de la producción.

Para completar el trabajo, no solamente se logra, a partir de la investigación, recordar a Pedro Turner a través de una baldosa, sino también una ordenanza a partir de la cual una de las calles del barrio recibió el nombre del intendente. Los jóvenes se hacen preguntas -quién fue Turner, qué significó para la historia de la zona, qué fue de su vida de militante y como padre, por qué se lo persiguió-, buscan respuestas a través de la investigación y la recolección del testimonio, y generan sentidos plasmándolos en el territorio.

“Que las historias reconstruidas y narradas por los jóvenes se inscriban en el ámbito local, que les sean próximas como experiencias vividas, no es un dato menor. En ese tipo de escenario, el despliegue de las disputas por el pasado adquiere una resonancia distinta que en los ámbitos públicos nacionales, donde en general son protagonizadas por actores institucionales como organismos de derechos humanos, gobierno, partidos políticos, fuerzas armadas, iglesia, y elaboradas y puestas en circulación por los grandes medios”. (Raggio, 2006)

Una de las docentes del equipo que realizó Pedro Pablo Turner… no duda en decirle a sus alumnos que a través de la investigación y la construcción de la baldosa, se acorta esa distancia que ellos mismos tienen con los hechos del pasado, de esa forma se vuelven más tangibles los detalles de la historia: aquí vivía, por esta vereda caminaba, allí trabajaba: “La baldosa es una especie de homenaje, de recordatorio, que nos resitúa ¿no? Porque en el momento en que vos pasas por la casa de esa persona que fue detenida desaparecida, y ves una baldosa que indica que esa persona vivió ahí, se te hace mucho más cercano y las distancias temporales que quizás muchas veces sentimos con relación a todo lo que pasó en los 70 se acortan, porque vivía en esa casa, porque pasaba por esa vereda, porque trabajaba en ese barrio…”.

Aquí planteamos algunos trabajos de los tantos20 que realizan los jóvenes en el territorio de la memoria. Cuando se encuentran con el pasado, lo que antes parecía lejano en el tiempo, la voz de los otros, una historia difusa, sin orden, a partir de las investigaciones comienza a cobrar otros sentidos, se hace referencia a lo propio, a lo cercano, ya no parece tan lejos como antes. Ahora son historias propias. La búsqueda o pregunta por el pasado del barrio o de mi pueblo en los jóvenes adquiere relevancia no sólo por su reforzamiento identitario sino también por la potencialidad que tiene para el desarrollo de una conciencia histórica; quienes componen el barrio dejan de ser simples vecinos o habitantes para conformarse en sujetos históricos que intervinieron en el camino de los hechos pretéritos y esa mirada sobre el pasado obliga a historizar el presente a partir de la empatía con personas, rasgos, huellas, testimonios. Aquí se hace visible el esfuerzo de los jóvenes por narrarse históricamente a sí mismos, en una apropiación de ese pasado que sostiene, a partir de la pregunta y la búsqueda, la emergencia de historias ocultas; historias que la mayoría no ha protagonizado y que tienen que ser contadas nuevamente, pero esta vez de atrás para adelante.



Bibliografía

Calveiro Pilar (1998), Poder y desaparición. Los campos de concentración en la Argentina, Colihue, Buenos Aires.

Da Silva Catela Ludmila (2009) “Situar la Perla. Los CCD como territorios de memorias conquistados”. En: Red Federal de Sitios de Memoria. Sitios de Memoria: experiencias y desafíos. Cuaderno I. Parte II: Primer Encuentro Público “La Perla” como espacio de memoria. Córdoba 8 de Junio de 2007.

Feld, Claudia y Stites Mor, Jessica (2009) “Imágenes y memoria: apuntes para una exploración”, en El pasado que miramos. Memoria e imagen en la historia reciente, Paidós, Buenos Aires.

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Jelin Elizabeth (2001), “Las luchas políticas por la memoria”, en Los trabajos de la memoria, Siglo XXI, Madrid.

Schindel Estela (2011) “Memorias barriales y derecho a la ciudad: la recuperación de ex CCD como práctica de resistencia y constitución del tejido social”, en: http://www.derhuman.jus.gov.ar/conti/2011/10/mesa_17/schindel_mesa_17.pdf



Raggio, Sandra (2006) “Trajes de época para batallas por el futuro”, en Revista Puentes N° 17, Buenos Aires, CPM.

1 Este trabajo realizado por el equipo del Programa de Investigación de la Comisión Provincial por la Memoria, integrado por Carla Cafasso; Josefina Oliva; Ana Cecilia Solari Paz; y Samanta Salvatori; se basa en las experiencias y en los proyectos de investigación realizados por los jóvenes en el marco del programa Jóvenes y Memoria (http://jovenesymemoria.comisionporlamemoria.net/) y en el proyecto Paisajes de la memoria ( www.paisajes.comisionporlamemoria.org ), ambos proyectos son parte de la Comisión por la Memoria de la provincia de Buenos Aires.

2 Como plantea Henri Rousso, son “vectores de memoria”, El síndrome de Vichy. 2da edición revisada y Actualizada. 1990. Le Seuil. París.

3 No nos centraremos en las diferentes miradas que imprimen a la palabra joven, sino simplemente diremos que cuando hablamos de “los jóvenes” no pensamos en un todo homogéneo, sino en una heterogeneidad de actores que se constituyen en la acción, con intereses y proyectos propios que definen identidades diversas. Aquí sólo se hace referencia algunas de las experiencias del programa Jóvenes y Memoria de la provincia de Buenos Aires

4 Estela Schindel, op cit. Pag 7.

5 En el año 2006 el edificio fue cerrado a partir del relamos y movilización de la multisectorial “Chau Pozo”, integrada por un grupo de vecinos y organizaciones de Banfield y Lomas de Zamora, junto con organismos de derechos humanos, sindicales y estudiantiles, y en el año 2008 fue señalizado por la Secretaría de DDHH de la provincia de Buenos Aires.

6 Estos datos fueron extraídos de http://argentina.indymedia.org/news/2005/09/327603.php, http://www.redeco.com.ar (consultado junio 2013)

7 Avasallamiento es el término que los jóvenes usan es su trabajo.

8 Entrevista realizada por los alumnos del Instituto Dr. Emilio Lamarca, año 2005. Programa Jóvenes y Memoria (CPM)

9 Más allá de los tiempos en que se produjo realmente la instalación de la dependencia policial, en la memoria de los vecinos perdura esa inmediatez que paraliza, que sorprende, que no deja margen de acción.

10 Entrevista realizada por los alumnos del Instituto Dr. Emilio Lamarca, año 2005. Programa Jóvenes y Memoria (CPM)

11 Entrevista realizada por los alumnos del Instituto Dr. Emilio Lamarca, año 2005. Programa Jóvenes y Memoria (CPM)

12 Idem.

13 Los jóvenes expresan la negación a hablar de varias docentes que trabajan en dos escuelas cercanas al ex CCD, quienes son esposas de militares.

14 Fragmento de la voz en off sobre el final del video realizado por los jóvenes.

15 Pedro Eugenio Aramburu fue asesinado por la organización Montoneros en 1970. Aquí no indagaremos sobre las diferentes interpretaciones y memorias que se han configurado a lo largo de los años sobre el hecho.

16 La voz de la 25, revista publicada para el proyecto de la Escuela Normal Superior 25 de mayo

17 En el año 2008 se cambió el nombre de la plaza, se sacó la placa que conmemoraba a Pedro Eugenio Aramburu. Los medios que relataron este acto no mencionaron que los alumnos de la escuela fueron quienes tomaron la iniciativa

18 El texto de la placa dice exactamente: “1976 - 24 de marzo – 1996. A 20 años del golpe militar. En memoria a los estudiantes desaparecidos y asesinados de este establecimiento que lucharon por un país mejor y una sociedad más justa.Graciela Alberti, Ana Daravalle, Ricardo Bello, Nélida Carranza, Norma Frontini, Daniel Garabello, Armando Hurt, Roberto García, María López Calvo, Dominga Maisano, Victor Maisano, Jorge Puccio, Eve Repetto, María del Carmen Repetto, María Tirinanzi, Daniel Vatino, Olga Velasco, lía Szerzon, Armando Hurt, Inés Ollero, Mirta Silberg, Anibal Barrios. Homenaje del Centro de Estudiantes EEUU”.

19 Entrevista realizada por los alumnos de la escuela.

20 El programa Jóvenes y Memoria hoy cuenta con más de 2500 investigaciones que se realizaron a los largo de más de 10 años. En las mismas se tratan diferentes temas que atraviesan el pasado de la dictadura militar como también problemáticas del presente que tienen que ver con los jóvenes y la violación a los DDHH. También allí se encuentran producciones que hacen referencia a marcas territoriales y sitios que se erigieron estos últimos años en denuncia de la violencia institucional en la provincia de Buenos Aires. También el programa se lleva adelante en las provincias de Chaco, Santiago del Estero, Misiones, Chubut, Córdoba, en las ciudades de Paraná, Rosario y Buenos Aires, gestionado por diferentes instituciones y organismos.



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